jueves, noviembre 13

masacre de las bananeras: Jorge Eliécer Gaitán(Apartes)




1.- El 6 de diciembre de 1928 el gobierno de Abadía Méndez asesinó a cientos de trabajadores colombianos reunidos en la plaza de Ciénaga, para defender los intereses de la United Fruit Company. Gaitán, en las sesiones del 3 al 6 de septiembre del año siguiente en la Cámara de Representantes, denunció las atrocidades cometidas por el ejército y el régimen puestos al servicio del monopolio extranjero, y el gran dominio económico que este último ejercía sobre la zona bananera. Este debate cumplió importantísimo papel en la caída del conservatismo en 1930.

Pensad en que aquel pueblo había sido horriblemente segado por las ametralladoras; que mil hogares se hallaban enlutados, que todo era dolor, que todo era sangre. Pensad que aquel pueblo se debatía inútilmente en los rigores del hambre, ya que no podía trabajar. Pensad que las esposas tenían que atender al sustento de sus pequeños hijos, porque los padres huían en la montaña atemorizados por el plomo cobarde y homicida: pensad que todo era desolación, todo era luto, todo era sombra, todo era un río de sangre, revuelto con un río de lágrimas sobre el cual navegaba, deshecha y perdida la quilla del dolor humano. Pues bien, señores: ante tal tragedia, los militares indignos del nombre, indignos de las armas de la República, se entregaban a la orgía de proporciones caligulescas. En las casas de la United Fruit —siempre la United Fruit— desarrollaban orgías de oprobio y de vergüenza. Las mujeres respetabilísimas y nobles de aquellos pueblos vapulados, eran obligadas por la fuerza a asistir a las bacanales de los militares; y ellos indolentes, ellos despiadados, ellos tipos de la fiera humana, que los criminalistas solemos denominar con el nombre de delincuentes natos, porque carecen de la sensibilidad moral, desnudos los cuerpos, confundidos con las meretrices, exultantes de alcohol, atravesaban así, impúdicamente las vías públicas, así desnudos, sin respeto ninguno por la moral humana.

Y ver señores que muchos de los presos, como ya tendremos ocasión de demostrarlo más hondamente, eran llevados a la cárcel porque se habían negado a vender sus pequeñas propiedades a los mercenarios de la United Fruit Company. Y ver señores, en esa carta, que ya después será largamente confirmada, cómo los hombres eran sacados de sus viviendas y cogidos a palo, robados y esquilmados. Ya llegará el momento de demostrar aquí la criminal complicidad entre la United Fruit y los militares que allí actuaron.
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2.- Ya habéis oído leer la alocución del señor presidente de la República. Habéis oído cómo allí se dice hablando de los obreros, que ellos perpetraron "verdaderos delitos de traición y felonía, porque a trueque de herir al adversario político, no vacilan en atravesar con su puñal envenenado el corazón amante de la patria". Decidle, señores, al taciturno presidente de la República que aplique estas palabras no a los obreros, que fueron las víctimas, sino que las aplique a los militares, a los cuales él les ha hecho el más inconcebible elogio. Que el señor presidente de la República se levante sobre la tumba de los sacrificados para escupir su hiel y su veneno, cuando por simples sentimientos de humanidad tales vocablos le estaban vedados ante la majestad de la muerte y de dolor, es cosa que causa ironía y que muestra las lacras de la mentida justicia humana. Y que no hable el presidente de la República de hechos políticos, aquí donde sólo hubo por parte de los militares pecados contra los artículos del código penal. Y en esa alocución misma habéis leído el elogio férvido, el elogio ilimitado que el señor presidente hace a quienes solo merecen el dicterio de los hombres que tienen en estima los sentimientos esenciales de la bondad.
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3.- Luego señores, los militares cometían sus delitos y era la United Fruit Company quien pagaba las hipócritas reparaciones a los delitos de los oficiales. Qué rara convivencia, qué hilo secreto que une en todos los aspectos de esta tragedia a la explotadora compañía y a los militares que actuaban.
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4.- He ahí las actitudes gallardas de los militares que le merecen elogio al presidente de la República. He ahí que no era la defensa de la sociedad; que la turba militar se convirtió, no sólo en falange de violadores de la propiedad, de violadores de la vida, de violadores de la honra, sino también en violadores de aquel capítulo del derecho penal, que castiga los delitos contra el pudor.
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5.- Ved aquí en lo que se convertía el dinero sacado por impuestos públicos a aquella dolorida gente. Cuánta iniquidad, cuánto delito. De manera, señores, que mientras todo era hambre y dolencia para aquella multitud, los militares de la zona bananera tomaban los dineros públicos para gastarlos en las orgías brutales de las cuales ya tenemos noticias; de manera que era para bailes en Santa Marta, que ultrajaban el luto y el dolor de aquel pueblo; de manera que los impuestos públicos eran para pagar los licores pedidos a la United Fruit; de manera que esos dineros iban a pagar la ¡orgía del automóvil! Todo esto enseña un cuadro de depravación moral, de atentado al tesoro público sin precedentes. En aquellas copas de champaña, burbujeaba la sangre y las lágrimas de aquel pueblo. Este fue el proceder de los militares.
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6.- Voy a demostraros ahora las peregrinaciones trágicas que los hombres del ejército hacían en los ferrocarriles a todo lo largo de la línea, matando desde los vagones a toda la gente que encontraban, así fuera ella pacífica. No había respeto por nadie. No se trataba de multitudes en armas; se trataba de gentes inermes que iban por sus caminos al trabajo o que salían de sus casas en actitud absolutamente pacífica. Las ametralladoras nada respetaban. "¡Fuego!" era la orden para todo ser viviente. Era una cruel persecución injustificada y criminal.
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7.- No existiera hoy la serenidad que he venido trayendo en estos debates, tenéis que permitirme que use en este día de toda mi insolencia delante de vosotros. Péseles a los cananeos que no quieren creer que el Congreso debe tener participación rotunda en este grave problema, los cargos que aquí he de comprobar esta tarde son de una gravedad muy superior a todos los anteriores. A mí no me importa que cobardemente, oblicuamente se esté conspirando contra la labor que yo me he impuesto.
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8.-Hay un contraste profundo entre los hombres de la política y la gran masa ciudadana. No penséis que vosotros representáis aquí los ideales de los partidos en Colombia. Esos partidos están por encima de los cananeos que fingen dirigirlos. Hay una juventud conservadora, hay una juventud liberal, hay una juventud socialista que miran con asco y con desprecio el triquiñuelismo actual. En realidad una unión sagrada, aglutina a las masas de uno y otro partido en un gran deseo de reacción contra lo presente. Porque esas masas aún son honradas. En Colombia sucede un fenómeno curioso. Como pueblo Colombia es uno de los países de más bella euritmia espiritual; los hombres todos sienten aquí colectivamente sus deberes, los postulados de la honradez; pero desgraciadamente hay hombres capaces de todas las claudicaciones; de las actitudes individuales hay derecho para avergonzarnos.
Preguntad cuáles son los principales áulicos de Juan Vicente Gómez y encontraréis que son colombianos. Id a averiguar cuáles son los principales periodistas que sostienen la dictadura del señor Leguía y encontraréis que también son colombianos. Hay una raza honrada, maravillosamente digna a quien políticos sin conciencia pretenden dirigirla. Y bien, sabed que esa masa conservadora, liberal y socialista os rechaza, políticos de corrillo, pequeños hombres sin ideales. Esa masa no quiere más a sus hombres o mejor, a la orientación costosa, enana y exigua que pretenden imprimirle, porque ya sabe de sobra que no son sino traidores de sus grandes ideales.
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9.- Pero esto nada ha de importarles a los señores que no quieren perder el tiempo en estos debates. Qué puede importarles a ellos ni al país; que la justicia penal en Colombia no se administre conforme los dictados de la ciencia y de la equidad, sino que sea aplicada por el cohecho del oro americano. Qué puede importarles a ellos el que en Colombia haya hombres que vayan por 20 y más años al presidio a virtud de los testigos falsos enviados por la compañía frutera que todo lo ha corrompido en aquel departamento, menos al valeroso pueblo y algunas unidades destacadas, a cuya limpieza, a cuya honorabilidad el gobierno de Colombia corresponde con la ametralladora homicida. ,
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10.- Si graves fueron las revelaciones hechas ayer aquí en este recinto, mucho más graves serán las que hoy se hagan; porque ya no se tratará, no solamente de la actuación de los militares sino de la responsabilidad directa del gobierno en esta tragedia. Tendremos que comprobar aquí que el señor ex-ministro doctor Ignacio Rengifo, para pedir la declaratoria del estado de sitio y fundamentarla, no se dirigía al gobernador del departamento, no se dirigía a los 32.000 colombianos interesados en el problema, sino que se dirigía al enemigo de los colombianos, a quien los extorsionaba, al gerente de la United Fruit Co. Y esto a pesar de que él había recibido telegramas del gerente de dicha compañía, en los cuales, como lo demostraré con documentos oficiales, se falseaba la verdad para pintar una situación que no existía y resolver el grave problema de los salarios por medio de las balas del ejército colombiano.
Los financistas, los petroleros, los comerciantes, pensarán de muy distinta manera. Ellos dirán que lo importante aquí es buscar nuevos dineros, traer nuevos recursos. Pero el país piensa de muy distinto modo. Los hombres de trabajo de uno y otro partido que han visto cómo se han esfumado cuatrocientos millones de pesos de los cuales sólo tenemos como resultado el enriquecimiento doloso de cuatro delincuentes de levita, y el empobrecimiento y la miseria de un pueblo que trabaja, saben que lo primordial reside en una sanificación moral de toda esta podredumbre sobre la cual navegamos. Saben que lo principal es la sanificación moral del país. Porque a este país nada él le importa que entre más dinero, que se enajene más la soberanía, ya con ese dinero y ese enajenamiento no se quiere sino repetir el mismo cuadro de vergüenza que acabamos de denunciar. Mientras no haya manos puras, que no llegue a este país más dineros, el cual significa, en vez de la redención de la masa ciudadana, su mayor miseria.
Y no vayáis a decirme como afirmaba un periódico conservador de la mañana, que se puede aquí tratar de un ataque al Partido Conservador y que era necesario rodear al gobierno para defender la hegemonía de ese partido. Estaríais equivocados de medio a medio. Porque desgraciadamente no es el Partido Conservador el que hoy gobierna. Es un gobierno de casta lejos de todo ideal y de toda grandeza! El país le ha vuelto la espalda, así los conservadores como los liberales. Andad por las calles, hablad con los conservadores, pero no con los aspirantes a las casillas del presupuesto, no con los conservadores traficantes sino con la gente de independencia y de dignidad personal. Todos tienen a flor de labio la crítica amarga y justa. Que la casta siga en sus posiciones; pero que no ignoren como vosotros no podéis ignorarlo, que la juventud de todos los partidos, los hombres no contaminados, se sienten cruzados de un extraño anhelo, deseo profundo de reacción, fuera de los rótulos pequeños; en el país se palpa y se siente una situación anómala que en vez de ser motivo de crítica es razón de entusiasmo. Que siga la trágica comedia; que ella exagere los acontecimientos. Que siga vertiendo culpas en la copa para que ella rebose. No es hora de desconsolarse. La entraña ciudadana palpita, no para rodear la casta sino para destruirla porque afortunadamente yo siento claramente el galope de la revolución.
Cuando ayer un distinguido miembro de la mayoría conservadora se acercó a mí para felicitarme, y preguntarme cuál era la fórmula que yo iba a presentar para la acusación de los culpables, me permití contestarle que ninguna. Y en realidad nada os pediré. Yo no creo en las tales comisiones de investigación. Me basta que esto vaya a la conciencia pública; a las masas estudiantiles y obreras, en cuya vitalidad yo confío. Ya tenemos ejemplo del resultado de las comisiones de investigación cuando se hacen cargos. Un representante de la mayoría no hace dos días hizo aquí graves cargos contra el ex-ministro Rengifo y él acaba de recibir el premio de esa acusación. Se le acaba de nombrar ministro en Londres. Así se va burlando poco a poco el gran movimiento de junio; ayer se llamó a Cortés Vargas y hoy se llama al señor Rengifo. Las dos personas quien el puntapié estudiantil había arrojado al asfalto. Si aquí se empeñara una acusación por esto, no sé yo los premios que podrían darse a los acusados. Vosotros habéis oído aquí el sistema de prostitución, de bacanal, de juerga permanente establecido en el ejército. Pero eso no era sino un resultado, un producto y un sistema que podríamos apellidar el rengifismo. La noción del decoro, de la rectitud y la austeridad a que están obligados ciertos funcionarios cuando ocupan determinados cargos había sido exiliada por incómoda.
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11.- Para una huelga pacífica, como yo voy a demostrarlo, se empleó toda la crueldad inútil y el crimen sin nombre. Desde que el señor Rengifo dejó de ser ministro, se terminó el comunismo; porque su empresario había muerto. No es que yo niegue que una grande agitación de justicia social recorre de uno a otro extremo del país para todos los espíritus. Ella existe, pero no como fruto de comunismo, sino como razón vital de un pueblo que quiere defenderse contra la casta de los políticos inescrupulosos. Y en esa reacción estaremos todos. Ella se está cuajando y yo auguro que llegará muy pronto para salvación nuestra.
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12.- Aquí está el telegrama que el señor Rengifo le dirigió el 3 de diciembre al gerente de la United Fruit Co. Oíd en qué términos un ministro de Colombia, para resolver un problema en el cual estaban interesados 32.000 colombianos,.se dirige al gerente de una compañía extranjera que es la explotadora del trabajo y el esfuerzo de esos colombianos: "Extraordinario. Orden Público. —Bogotá, diciembre 3— Gerente United Fruit Co. Santa Marta. Noticias telegráficas en este despacho de jefes militares de Barranquilla y Ciénaga revelan claramente que situación zona bananera es muy delicada y puede agravarse mucho más, lo que tiene bastante preocupado, no obstante que ministerio a mi cargo ha hecho hasta ahora y continuará haciendo, lo que le incumbe, conforme facultades y atribuciones correspondientes a su ramo.
"A fin conferenciar de nuevo con excelentísimo presidente y ministros gobierno, industrias, acerca medidas convenga tomar para restablecer normalidad sobre bases de estricta justicia y legalidad, agradecería a usted se sirva enviarme cuanto antes, si posible inmediatamente, por telegrama extraordinario o por inalámbrico, una información imparcial, exacta y detallada sobre situación actual huelga. Atento servidor, Ignacio Rengifo B."
Así proceden las autoridades colombianas cuando se trata en este país de la lucha entre la ambición desmedida de los extranjeros y de la equidad de los reclamos de los colombianos. El gobierno colombiano cierra sus oídos ante los hijos de su tierra; pero pide respetuosamente los informes de los americanos. Esto se llama respetar la dignidad del país.
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13.- La United no quería arreglar con sus obreros por las razones que luego veremos. La United pasaba aquí telegramas inexactos, fomentaba los disturbios, insultaba al gobernador para hacerle creer al gobierno de Bogotá que había una situación gravísima, a fin de que los obreros fueran abaleados. Se trataba de resolver un problema de salarios por medio de la bala de las ametralladoras del gobierno.
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14.- De manera que sacamos de aquí en consecuencia la trama inicua y cobarde de esta gente. El señor gobernador del Magdalena nos demuestra en sus telegramas y lo mismo el alcalde Cifuentes, que el señor Cortés Vargas había acuartelado su gente y que no quería prestar el menor auxilio para despejar la estación; pero sabemos, por otra parte, que al mismo tiempo Cortés Vargas le recomendaba a un agente de la United, como el señor Páramo, que comunicara alarmantes noticias de peligros que no existían, y tan es así, que el mismo gobernador se extraña que Páramo le llevara tales noticias por recomendación de Cortés Vargas. Era que Cortés Vargas premeditaba, como lo demostraré, asesinar a la gente que estaba dormida en los carros del ferrocarril; necesitaba pintar ante Bogotá una situación tan grave, que le permitiera explicar su premeditado asesinato. Ni más ni menos que la misma actitud que se observa en los telegramas de la United. Es decir, de la compañía extranjera que buscaba también el estado de sitio y que ya había estado en connivencia con Cortés Vargas.
Tan premeditado fue este monstruoso delito, que a los obreros se les hizo maliciosamente concentrar en la ciudad de Ciénaga, en la tarde del 5 de diciembre diciéndoles que era para recibir al gobernador, pues se iba en aquella ciudad a firmar el pacto con la United, que había acepta¬do algunos puntos.
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15.- Aparece bien claro que los obreros sí quisieron transigir y fue la compañía la que negóse. La compañía quería seguir explotando a los obreros, a quienes tiene en la mi¬seria. No quería entrar en transacciones y por eso pedía el estado de sitio, lo mismo que el señor Cortés Vargas, para solucionar por la bala un problema económico, y defender su miserable codicia. Naturalmente no hay que pensar que el gobierno ejerció ninguna presión para que se reconociera la justicia de los obreros. Estos eran colombianos y la compañía era americana y dolorosamente lo sabemos que en este país el gobierno tiene, para los colombianos la metralla homicida y una temblorosa rodilla en tierra ante el oro americano.
¿Qué se hizo pues aquella noche? El señor Cortés Vargas, con los agentes de la United, sus amigos, se encerró en el cuartel a emborracharse. El doctor Turbay sabe que un miembro del ejército, que estaba aquella noche en el cuartel, ante él, ante un distinguido diplomático y ante mí confesó incidentalmente que Cortés Vargas se había presentado borracho y les había dicho que las ametralladoras las manejarían los oficiales y que sí los soldados no disparaban los matarían. Pero hay aquí un hecho importantísimo que demuestra la premeditación cobarde de este asesinato. El señor Cortés dice en su informe que el telegrama sobre turbación del orden público llegó a las 11 y media de la noche. Eso es falso y aquí está la prueba oficial de la oficina telegráfica de Ciénaga, en donde consta que el telegrama llegó a las 8 de la noche.
Luego este hombre, borracho en el cuartel, estuvo esperando en el cuartel hasta la una y media de la madrugada del día seis a que los obreros estuvieran dormidos. Entonces este individuo atraviesa la mitad de la ciudad. Va desde los cuarteles hasta la estación. Es pues mentiroso que hubiera ningún peligro para el cuartel como en un principio quiso decirlo. Aquí está el plano de Ciénaga que demuestra la distancia que hay de la estación al cuartel. Llega allí, encuentra dormida a aquella multitud, absolutamente pacífica, que a la lectura del decreto sólo obtuvo un grito de ¡Viva Colombia! ¡Viva el Ejército! Están aquí los mismos telegramas de Cortés Vargas que prueban que la multitud no tuvo ninguna agresión sino que permaneció impasible. Cortés Vargas ha dicho que la multitud no creía que el ejército disparara. Y es la verdad. No creía porque este hombre felón, en el día anterior, conforme a esta prueba que tengo aquí, había jurado a los obreros en nombre de la patria que mientras estuviera allí no se dispararía sobre la multitud. Pero llega en aquella noche con el ejército; ante una multitud dormida lee el célebre decreto. Los pocos que están despiertos, lanzan su grito de Viva Colombia, y este hombre inmisericorde y cruel, para aquel grito tiene una contestación: ¡Fuego! Empiezan a disparar las ametralladoras, después los fusiles, cinco minutos, la tragedia está consumada. Muchas vidas. Cientos de vidas caen bajo la metralla asesina. La orden la había dado un hombre ebrio. Pero no basta eso. No se conforma con haber asesinado inocentes. Ordena la persecución bayoneta calada sobre la multitud vencida, sobre los seres que en el suelo lanzan los ayes y allí vienen cuadros de horror increíbles.
Los heridos son rematados con la bayoneta. Ni el llanto, ni la imploración, ni el correr de la sangre conmueven a estas hienas humanas. Bayoneta para los moribundos: Despiadado horror. No sé porqué la Divina Providencia no abrió la tierra bajo las plantas de estos monstruos para tragárselos vivos.
Los muertos son luego transportados en camiones para arrojarlos al mar y otros son enterrados en fosas previamente abiertas. Pero .digo mal, se entierra no sólo a los muertos, se entierra también a los vivos que estaban heridos. No basta su imploración para que no se les entierre vivos. Estos monstruos ebrios de sangre, estos fugados de la selva no tienen compasión; para ellos la humanidad no existe. Existe sólo la necesidad de complacer el oro americano.
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16.- Aquí la tragedia, provocada por la United, con la complicidad de militares inescrupulosos y de un gobierno incapaz de comprender las nociones del deber. El Magdalena es un departamento en el cual todo lo ha arrebatado la United. No son sólo los obreros. Son también los comerciantes; son los productores de banano, los esclavos económicos de aquella compañía. Con la memoria del ministro de industrias demostraré que aquella compañía da dinero a los empleados nacionales y de allí mismo se desprende que las aguas están controladas por la United. Hay un caso tan importante como es el del proyecto de contrato entre el general Diógenes Reyes y la compañía, que el consejo de ministros improbó por ser lesivo a la soberanía nacional. Sin embargo que ese con¬trato se negó, las estipulaciones allí consagradas, sin ley ninguna, porque la ley de Colombia en el Magdalena no existe, se está llevando a cabo; la compañía usa de las aguas del río Fundación. Hoy trae un dique hasta Santa Ana que tiene como fin inundar todas las fincas de los colombianos.-El ferrocarril lo tiene controlado y se valen de todos los recursos para impedir la competencia. A los obreros se les tiene viviendo en verdaderas pocilgas. No hay hospital, no hay seguros, no hay nada. Los jornales que ganan son infelices como lo vamos a ver. Aquella prostituida compañía ha corrompido conciencias, compra autoridades, a tal punto que ojalá no sea una predicción certera, pero yo temo que el Magdalena, a pesar del patriotismo de su pueblo, generoso e inteligente si los hay en la República, corra la misma suerte de Panamá. Los productores nacionales se dirigen al gobierno central, pero no obtienen ninguna resolución. Ah, es que, repito, el gobierno de Colombia tiene ametralladora para los hijos de la patria y la rodilla en el suelo para el oro yanqui.
Toda esta tragedia no tenía sino un fin. Los obreros debían quedar esclavizados económicamente en nombre del gobierno. Y el gobierno los esclavizó por medio de esta escritura que voy a leer, firmada en Ciénaga en 29 de diciembre de 1928, ante la notaría segunda del circuito y en donde se fijan los salarios que los obreros tendrán. (El orador lee la escritura que causa gran sensación en el público y conforme a la cual Cortés Vargas, en nombre del gobierno de Colombia y debidamente autorizado por él, señala los jornales que los obreros deberán ganar en adelante, jornales que el orador demuestra son inferiores a los que ganaban antes de la huelga y de los cuales los de más alto precio alcanzan apenas a $2.diarios y de los de menor precio a $1.20).
En la misma escritura Cortés Vargas hace el elogio de la compañía por la manera correcta como la United cumple las leyes sobre seguro colectivo, indemnización por accidentes de trabajo y descanso dominical. (Lo cual, agrega el orador, es una farsa, pues ya se han leído las peticiones de los obreros que eran precisamente tendientes a lograr estos fines). Todo este crimen y toda esta sangre, no tenía otro fin que esta escritura. Así el gobierno de Colombia ha sometido a los obreros a la imposibilidad de reclamar derechos, porque Cortés Vargas en nombre del mismo gobierno declara que sí se concede descanso dominical, el seguro, etc., y fija jornales inferiores a los que tenían antes de la huelga. El propósito de la United estaba cumplido. Toda la farsa está explicada. La compañía no quería elevar los salarios ni cumplir los demás requisitos de la ley. Por eso no entró en arreglos. Se necesitaba la declaratoria del estado de sitio; matar a los colombianos y ya turbado el orden público, el gobierno de Colombia haría este contrato con la United para que los obreros después no pudieran reclamarle a la compañía americana. He ahí la manera como el gobierno defiende la soberanía y defiende a sus ciudadanos: No importa que una escritura semejante cueste mil y más muertos, mil y más crímenes. Lo importante era que la compañía quedara complacida. El suelo de Colombia fue teñido de sangre para complacer las arcas ambiciosas del oro americano. Desgraciada patria aquella cuyos destinos están regidos por gente de tal índole.
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17.- Ya os he dicho que nada voy a pediros. Hablo en nombre de 32.000 víctimas. Mi labor está cumplida. El fuego de mi juventud se ha puesto al servicio de la justicia. Este crimen no quedó en la sombra, y yo estoy tranquilo.
Yo no creo en la justicia, mientras exista un régimen como éste que nos avergüenza. No es en demanda de castigo que he acudido. Tenía el único empeño de que la nación conociera la página más bochornosa de su historia. Está conocida. Y no se perderá esta labor. Todo esto llegará a los últimos rincones de mi patria y yo confío en la multitud. Hoy, mañana o pasado, esa multitud que sufre el suplicio, que lo sufre en silencio, sabrá desperezarse y para ese día, oh bellacos, será el crujir de dientes. Los jóvenes, quienes aún no hemos sido contaminados por la corrupción ambiente; para nuestras vidas que no navegan sobre el mar de pústula por donde corren las senectas vidas de los hombres que traicionan la dignidad de Colombia, iremos un día, ebrios de santo fervor, ávidos de una justicia reparadora, hombro a hombro, conservado¬res honrados y jóvenes, liberales y socialistas, de uno a otro extremo del suelo nuestro como una tea purificadera, en nombre de la verdad y contra el dominio de los pequeños hombres que hoy dominan. Quiero terminar parodiando la frase de San Víctor que la aplicaba a César Borgia. ¡Si la historia tuviera un infierno, estos hombres encontrarían allí un sitio especial y preciso!

Tomado con fines educativos de:
GAITÁN, Jorge Eliécer. ESCRITOS POLÍTICOS. Bogotá : Áncora, 1985. 183 P.

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