Autora: Julieta Salazar de la Torre
¡Lo había hecho de nuevo!!Un pequeño descuido y zas otra vez había vuelto a pasar! Como si no fueran suficientes las horas que se pasaba practicando y las lecciones de su papá.
-Mamá se pondrá furiosa- Pensaba mientras pedaleaba hacia cas, no es que estuviera planeando contarle, pero sabía que apenas cruzara la puerta ella lo miraría y se daría cuenta.
A veces odiaba tener una adre que sabia “leer”, claro que tenía sus ventajas, pero cuando algo como esto sucedía definitivamente no tenía nada de divertido.
Lo peor de todo no era el regaño que le esperaba, ni escuchar la vieja cantaleta de siempre, lo peor era ver la cara de susto de ella, su paranoia y la mirada de desaprobación de papá.
¡Que desastre¡ ¡Todo por un pequeño descuido! Realmente no había sido su intención dejar en evidencia a la profesora, aunque en el fondo admitía que se lo tenía merecido por la forma en que lo trataba, no estaba seguro de donde venia la antipatía que la maestra sentía hacia él, pero no le cabía duda de que era mutua.
Se la pasaba dándole la lata todo el día, Daniel, esto, Daniel aquello y eso que él no hacía nada para hacerse notar, por el contrario, trataba de pasar por debajo del radar como le enseñó su papá, pero con esta maestra no tenía caso, _ bueno por lo menos no solamente a mí me trata así- se consoló suspirando.
¡Cómo extrañaba a su profe del curso anterior! Ella si que sabía entenderlo a uno, siempre sonriendo y esforzándose por comprenderlos, no podía evitar sentir nostalgia cada vez que se topaba con ella en el pasillo y le sonreía con picardía como si fuesen viejos conocidos.
Todo había comenzado por la mañana, cuando empezó a jugar con el desayuno y su mamá el regañó por usar de esa forma sus habilidades, y para colmo su papá que casi nunca lo regañaba por esas cosas, (de hecho, a veces, cuando ella no estaba viendo hacía lo mismo y los dos competían por ver quien podía levantar las tazas más alto sin derramar el café), lo regañó y encima le dijo que esa noche practicarían con objetos más pesados, algo que Daniel detestaba porque lo dejaba todo sudado y tembloroso.
Cuando llegó al colegio, estaba irritado, de muy mal humos y distraído, una combinación peligrosa si le daba por “juguetear” un rato, cosa que se puso a hacer apenas entró la Profe Molina, para ser sincero no lo hizo porque le tuviera ojeriza sino para tratar de escapar de su cantinela que comúnmente le daba sueño no solo a él sino al resto del salón.
Al empezar el año escogió un pupitre del rincón a la distancia exacta parea evitar ser visto por los profesores y quedar demasiado cerca de los revoltosos de atrás, así pasaba desapercibido tanto de los unos como de los otros. Evitaba participar demasiado como para sr notado pero no exageraba para que no pensaran que era “raro”, solo alguien común que no se distinguía por nada en particular, uno más entre la masa de alumnos anónimos, que se caracterizaban por no ser demasiado inteligentes o demasiado lentos, ni demasiado bulliciosos ni demasiado callados, la mediada justa para evitar preguntas indiscretas o ser notado, tal y como su papá le había instruido desde que tenía memoria.
Le costó muchas lágrimas y lecciones hasta tarde de la noche para aprender la lección y quizás e ello se debió su ingreso tardío a la escuela, pero al final la aprendió tan bien que sus compañeros apenas recordaban su nombre y nunca se enteraron de lo inteligente, dotado y vivaz que era el chico pelinegro que se sentaba delante de García, la chica pecosa que no hablaba con nadie.
Aprovechando la ventajosa posición e su escritorio, se puso a jugar con un hoja de papel arrugada que estaba debajo de un pupitre, la levantó unos centímetros simulando que el viento la movía, pero le pareció ridículo dado que esa noche iba a “practicar con objetos más pesados”, luego buscó más papeles u otra cosa que supusiera un mayor desafío y encontró justo lo que buscaba debajo del asiento del compañero de adelante: una botella llena de agua.
Suavemente, sin hacer el menor ruido, como si de un bebe se tratara la movió con suma delicadeza y la hizo rodar sobre el piso, la volvió a parar, la acostó, la hizo rodar y luego la volvió a parar, repitiendo el ciclo varias veces hasta que sintió que un hilo de sudor le corría por la sien, pero era demasiado divertido para parar y volvió a comenzar el juego, sin darse cuenta de que la profe Molina había dejado de hablar y miraba enojada su cara de bobalicón sin percatarse de lo que pasaba debajo del pupitre de Jiménez.
-¡DANIEL!- asustado levantó la mirada de la botella pero no alcanzó a frenar la fuerza que había estado usando, entonces ocurrió el desastre! Para no tumbar a la Profesora tuvo que desviar la mirada y ante el horror de esta y la risa de todo el salón la falda se le alzó como si una ráfaga de viento la hubiese levantado dejando al descubierto unas horribles enaguas y dos piernas flacuchas enfundadas en unas medias de un color espantoso.
Horrorizado contemplo a la maestra y bajó la cabeza apenado, a pesar de la forma como lo trataba no se merecía ser avergonzada de esa manera, sabia que sus papás nunca aprobarían algo como eso, especialmente su papá que le había machucado una y otra vez que debía usar sus habilidades con responsabilidad y nunca para dañar a otros.
-¡Los dones que hemos recibido no son para beneficio personal o para alardear!- son para ayudar a otros y para hacer el bien- le repetía vez tras vez.
Así, que ahora estaba en camino a casa seguro de que le esperaba un buen castigo y con la conciencia ardiéndole por lo que había hecho, aunque no lo hizo con intención sabia que no habría pasado si hubiese controlado su temperamento. Además existía el riesgo de que alguien hubiese notado algo poniendo en riesgo a Daniel y a sus padres.
Dio un suspiro largo cuando entró a la cuadra donde vivía, dispuesto a aguantar lo que su mamá tuviera para decirle y a esperar el regaño de la noche cuando llegara papá.
Mejor voy donde él y le explico como pasó todo, es mejor que esperar todo el día, pensó. Al fin y al cabo mi papá también ha tenido sus deslices y puede entenderme mejor que mamá.
Decidido paso de largo y saludó a su mamá mientras pedaleaba, ella lo “leyó” y se despidió con la mano. Preocupada cerró la ventana de la cocina y se dispuso a pintar, así disiparía los nervios. ¡El castigo que le esperaba a Daniel, como mínimo su papá le pondría a practicar todas las noches!
5 comentarios:
¡Que buen cuento! La primera vez que lo leí no entendí el sentido real de la autora, leyendolo por segunda vez descubrí la esencia mágica del protagonista de la historia. les aconsejo lo leean colocando todos sus sentidos. Geovana martínez Sastre
A decir verdad, es un cuento muy bueno, lleno de fantasía e imaginación donde todos los personajes tienen caracteristicas muy especiales. Escribes muy bien, los momentos que se presentan en el son bastante detallados, lo cual genera en el lector gran intriga e interes sobre el cuento, sin embargo considero que el titulo no se escogio bien. A pesar de que describiste los personajes, creo que el titulo debio ser mas detallado para porder empezar a leer con un conocimiento previo o alguna idea de lo que iba a tratar el cuento. pero igual ¡¡¡¡ MUY BUENO !!!
Saludos, Marian Rodriguez Salas.
hola te saluda martha tu compañera del seminario comprension de texto.
observando tu cuento "lo hice de nuevo"la sugerencia q yo te hago es darle mas polifonia a la historia.
tambien te sugiero ser mas clara con el titulo ya q como lectora me pregunte que habia hecho de nuevo el personaje de la historia por que no me quedo claro q el niño tenia poderes.
te felicito por q tienes muy buena capacidad para crear escrito.
hola, julieta , soy yessica osorio lopez leyendo tu texto me parece muy bueno puesto que la idea que tomaste acerca de un niño con poderes es muy buena y estoy segura que a los niños le gustaria leerlo,tu puntuacion es adecuada como las comillas
por otro lado creo que deberias en fatizar un poco en aclarar la idea principal del cuento puesto que no es muy claro que el niño tenia poderes. de todas maneras felicitaciones esta muy bueno
En general, los comentarios apuntan a que se trata de un cuento en el que se reconoce un caudal rico en imaginación y compuesto con destreza.
Ahora bien, estos mismos comentarios ven la necesidad de hacer algunos ajustes en el Cuento para que se comprenda con mayor facilidad e interés, sin necesidad de realizar una segunda lectura en busca de esclarecimiento.
Queda en la autora la decisión: acoger las recomendaciones o no.
En cuanto a los comentarios, expresan la experiencia emotiva y cognitiva que cada cual tuvo con el cuento en referencia, considero que son un aporte al trabajo en grupo y les recomiendo que los revisen para organizar cada vez mejor las ideas y lograr un adecuado uso de la puntuación.
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