El oso pasaba todo el día en el bosque y le prohibía a Masha salir de la cabaña sin él. Ella, que era muy hábil en la cocina, pasaba el día preparando el kasha, que es un plato de cereal caliente con leche, y unas deliciosas empanadas de carne llamadas pirozhki. Al principio, Masha se puso muy triste por no poder volver con sus abuelos y pasó días enteros llorando; pero, como no había nada que pudiera hacer, se resignó a vivir de esta manera.
-Si intentas huir -le decía el oso-, ¡te perseguiré hasta que te agarre y luego te comeré!
Desesperada, Masha se puso a pensar en cómo escapar. "Estoy en la mitad del bosque", se decía, "no sabría por dónde salir ni qué camino tomar, y no hay nadie a quien pueda preguntarle". Siguió reflexionando sobre esto durante varios días y varias noches, hasta que por fin se le ocurrió un plan para escapar.
Un día, cuando el oso volvía de su paseo acostumbrado por el bosque, Masha le dijo:
-Osito, por favor, déjame ir al pueblo aunque sea sólo por un día. Quiero llevarle unos regalos a mis abuelos.
-No puedo hacerlo -le contestó el oso-, te perderías en el bosque. Lo mejor será que me entregues los regalos y sea yo quien los lleve.
Masha sonrió para sus adentros, pues esto era exactamente lo que quería.
Los siete mejores cuentos RUSOS. nATALIA VORONINA. Bogotá. 2004 pg. 7
___________________________________________________________________
Durante varios días, Masha se puso en la tarea de cocinar una gran cantidad de pirozhki. También hizo una enorme canasta para cargarlos hasta el pueblo. Entonces le dijo al oso:
-Voy a meter los pirozhki en esta canasta que he preparado, para que se los lleves a mis abuelos. Pero recuerda: no debes abrir la canasta en el camino, ¡y por nada del mundo saques los pirozhki! Cuando te vayas, subiré a la punta del roble y te vigilaré desde allí.
-Muy bien -respondió el oso-, Dame la canasto.
-Espera -le dijo Masha-. ¿Por qué no sales primero a ver si está lloviendo? No querría que la lluvia arruinara mis pirozhki.
Apenas hubo salido el oso, Masha se metió en la canasta y puso sobre su cabeza una bandeja repleta de maravillosos pirozhki. Al entrar, el oso vio que la canasta ya estaba lista, así que la levantó e inició su camino hacia el pueblo.
Para llegar al pueblo, el oso tenía que atravesar varios bosques de pinos y abedules, subir colinas y bajar a las llanuras. Caminó y caminó, hasta que se sintió muy cansado y buscó un lugar para reposar un poco. Vio que al borde del camino estaba el tocón de un árbol cortado y no pudo resistir la tentación de sentarse en él a descansar un momento. Entonces dijo para sí, en voz alta, casi sin darse cuenta:
-¡Me detendré en ese tocón y me comeré un pirozhok!
Entonces, desde el fondo de la canasta, Masha exclamó:
-¡Te veo, te observo!
¡No te sientes en el tocón!
¡No te comas ni medio pirozhok!
¡Llévalos ya a mis abuelos!
Los siete mejores cuentos RUSOS. NATALIA VORONINA. Bogotá. 2004 p. 9
No hay comentarios:
Publicar un comentario